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Terra
La Coctelera

Melancolía

Hoy me siento rara, hace frío, sol, un día de invierno más aunque todavía el calendario dice que es otoño...

Es un día como otro cualquiera, rutina, tareas, muchas tareas y muy pocas ganas de hacerlas.


Hay veces en la vida que me gustaría abrir un paréntesis, dejar un pequeño espacio de tiempo para cambiar, para hacer otras cosas, para tener otras ilusiones sin olvidar las de siempre, para cambiar algo en tu vida aunque sólo sea durante unas horas.


No sé si eso es algo que le sucede a todo el mundo y no cuenta o sólo me sucede a mí. Tiendo a buscar explicación a todo...a las enfermedades, a los sentimientos, a lo que quiero o no quiero, a lo que necesito. Todo ha de tener un por qué y yo quiero saberlo a todas horas.


Sin embargo hay veces que ese por qué no lo encuentro, igual está delante de mi nariz y no lo veo, igual no hay un por qué para cada cosa y yo me empeño en que sí. Sea como fuere hoy es uno de esos días, busco y no encuentro una respuesta a preguntas que me ocupan mucho espacio en la mente y no me dejan seguir con normalidad.


Me estoy cansando, quizá, de tanta normalidad, aunque la rutina me ha gustado siempre porque me da sensación de estabilidad, ha llegado un momento que me está cansando, por que me siento aburrida en demasiadas ocasiones, necesito tomarme la licencia de sentirme diferente, para cambiar, innovar, no se qué ni como, pero que algo cambie en mi vida, en mis mañanas, en mis tardes y en mis noches.


Tal vez esto sea una sensación más, que pasa, que sigue su camino sin dejar huella, sin hacer mella en mi espacio, tal vez sí o tal vez no...

Esperaré a ver, quizá mañana sea otro día y aunque llueva tal vez a mí me guste más

Melancolía

El dolor de lo perdido hace que nos sintamos tristes, meláncolicos. Hay tantas cosas horribles todos los días que a veces me siento mal por sentirme triste por cosas pequeñas, por cosas que apenas se notan, que los demás ni aprecian pero que hacen que tu día sea algo más gris.

Igual que las cosas insignificantes pueden hacer que el día luzca bonito, que se mire con distintos ojos a la vecina cotilla a la que nos cruzamos cada día, con ternura al perro que nos moja la rueda del coche, al panadero que nos vende el pan a medio cocer, al frutero que nos da un tomate blando, en fín, que lo mismo que de pronto el día puede estar claro, vienen nubarrones y lo jode.

Tener amigos es importante, lo es para mí y creo que para todo el mundo. Pero como en todas las cuestiones de la vida en las que entran en juego los sentimientos y la subjetividad, no siempre la amistad es correspondida de la misma manera por una parte que por otra.

No me explico muy bien hoy, bueno, casi nunca, pero hoy especialmente porque las cosas me salen así, en tropel, los pensamientos y los sentimientos necesitan ser volcados y lo hacen sin orden ni concierto en esta página que con suerte no leerá nadie y a nadie confundirá.

Esto es como un pequeño diario al que se acude para descargar y poder seguir el camino sin tanto lastre que hace que el paso se ralentice y no avancemos con la ligereza necesaria.

El alma, esa que no se ve, esa de la que tantos hablan, que tanta guerra da, que no nos deja vivir y sin la cual no podríamos pasar, esa es la que tengo algo cargada de sentimientos que me abruman y que a saber como voy yo a manejar.

Pero en realidad hoy no me apetece pensarlo, tengo demasiadas cosas que hacer y es ese un trabajo, el que necesita el alma, que me resta muchas energías y hoy no tengo para derrochar, así que mañana será otro día y como dijo Escarlata Ohara, ya lo pensaré mañana.

No se cómo he llegado hasta aquí

En realidad no se cómo he llegado hasta aquí, no me pregunteis que no se si otro día cuando quiera volver a escribir algo me saldrá.

Hace unos días comencé a bucear por este mundo de los blog, me gusta hablar, me gusta escribir y me gusta contar cosas, unas veces con más acierto que otras, eso sí, pero no se cómo podrá salir esta pequeña aventura. Todo porque intentaba escribir un comentario en uno de los blogs y no se como he ido siguiendo pasos hasta llegar aquí.

Puede parecer una tontería pero para alguien no muy ducho en esto de la informática es algo un poco extraño. Tengo un curso que coleccioné con el periódico, ¡divinas colecciones!, que me mira cada día impertinente desde la estantería donde muy ordenadamente lo fuí colocando y donde de vez en cuando le paso el plumero para que las pelusas no hagan pasto de él, pero, nada más.

El primer día que introduje el disco en el ordenador me quedé una hora delante de la pantalla haciendo lo que una voz profunda a través de los auricuales me iba diciendo y todo parecía ir medio bien hasta que luego yo intenté hacerlo sola, por mi cuenta y riesgo y ya empezaron los problemas.

Así que ahí quedó, relegado en su espacio junto a los libros, de adorno, para limpiarle el polvo y bueno, me queda que soportar la ironía de mi pareja cada vez que lo ve y me dice: ¿qué?, ¿a qué esperas para ponerte las pilas y aprender a hacer algo más que charlar y escribir?.

Tendré que hacerlo, aunque sea por amor propio o por no escuharlo más, pero no se cuando, que me da mucha pereza y no me entero de nada. Bueno, ya os contaré si lo voy consiguiendo, eso sí, si atino la próxima vez a abrir este espacio para poder hacerlo.